El arresto de Armando Fernández Larios por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) vuelve a poner en el centro del debate uno de los nombres más oscuros de la historia reciente de Chile. Exoficial del Ejército y agente operativo de la DINA, Fernández Larios formó parte del aparato represivo de la dictadura de Augusto Pinochet, responsable de miles de violaciones a los derechos humanos.
Su trayectoria está ligada a episodios emblemáticos del terrorismo de Estado, como la Caravana de la Muerte y el atentado en Washington que terminó con la vida del excanciller Orlando Letelier. Tras colaborar con la justicia estadounidense, vivió durante décadas bajo protección, lejos del escrutinio público.
Hoy, al ser catalogado por el ICE como parte de “lo peor de lo peor”, su nombre reaparece no solo como noticia policial, sino como símbolo de una herida histórica que sigue abierta. La posible deportación reactiva preguntas incómodas: ¿qué ocurre con quienes participaron en crímenes de lesa humanidad? ¿Y cuánta justicia sigue pendiente?

